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Pride Shield: campaña sobre el Orgullo

Viernes, 28 de junio

Orgullo

Cómo se apuntan las marcas a las causas cuando ven que es un gesto claro de complicidad hacia el consumidor. No hay mejor medidor de que una tendencia, una idea, ha calado en la sociedad; que ha llegado para quedarse. De los muchos anuncios que se crean con motivo del día del Orgullo Gay, una idea que me ha gustado, premiada con un oro en The One Show:

Lunes, 1 de julio

La cornamusa

Sigo los vídeos, los comentarios en redes, en prensa, incluso (¡ay!) la explicación de una youtuber en relación al rediseño de la imagen de Correos, un buen trabajo de evolución y actualización de la marca por parte de Summa (lo más gracioso, en mi opinión, los vídeos). Pero no para de aparecer en todos lados la palabra cornamusa para referirse a la corneta (cornetín o corneta de posta) del logotipo: “Correos mantiene la cornamusa y la corona”, dice, por ejemplo La Vanguardia. La primera obligación, o una de las primeras, de todo redactor publicitario es ser consciente de que, en aras de una buena comunicación, las palabras significan lo que significan y no lo que a uno le parece o le gustaría que significasen. Es cierto que confundir las cosas puede llevar a resultados muy creativos, y recuerdo ahora aquella breve historia del pequeño cronopio de Julio Cortázar:

“Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.”

Pero, para lo que nos ocupa -y no sé si dirigirme aquí al community manager de Summa, al responsable de prensa de Correos, a los periodistas que lo han repetido a partir, supongo, de una nota de prensa, o quizá a todos ellos- recordemos que según el diccionario una cornamusa es esto, una gaita:

Miércoles, 3 de julio

La cultura y los contenidos

Gregorio Luri, escritor, profesor de filosofía, reporta vía Twitter esta perla de la intervención del editor Carlo Feltrinelli en el Fórum Edita:

Twitter cultura substituida contenido

«La palabra cultura ha sido sustituida por la palabra contenidos».

Jueves, 4 de julio

Esos malos adjetivos que tanto nos gustan

Roland Barthes, en su libro Mitologías:

«El adjetivo (o el adverbio) tiene con frecuencia un papel curiosamente ambiguo que parece proceder de una inquietud, del sentimiento de que los sustantivos que se emplean, a pesar de su carácter prestigioso, tienen un desgaste que no se puede ocultar. De allí la necesidad de revigorizarlos: la independencia se vuelve verdadera, las aspiraciones auténticas, los destinos indisolublemente ligados. El adjetivo tiende, en este caso, a liberar al sustantivo de sus decepciones pasadas, a presentarlo en estado nuevo, inocente, creíble. Como en el caso de los verbos sólidos, el adjetivo confiere al discurso valor de futuro.

(…) Lamentablemente estos adjetivos revigorizantes se gastan casi en el mismo momento en que se los emplea y en consecuencia, la reactivación adjetiva del mito resulta la mejor manera de mostrar su inflación. Es suficiente leer verdadero, auténtico, indisoluble o unánime para olfatear allí el hueco de la retórica.»

Sustituyamos los ejemplos que cita Barthes por nuestros productos absolutamente revolucionarios o completamente gratis, por nuestras oportunidades únicas y exclusivas, por nuestros sabores totalmente irresistibles. Este barniz, esta capa de pintura que dan los adjetivos y los adverbios, que posiblemente sólo parchean pasadas decepciones, que las ofertas no fueron tan únicas, ni tan gratis, no es argumento suficiente para que el consumidor nos crea. Más adelante, en el mismo texto, dice Barthes:

«Gracias a la impotencia de su esfuerzo, estos malos adjetivos logran manifestar, en última instancia, la salud del lenguaje. Aunque la retórica oficial intente multiplicar las coberturas de la realidad, hay un momento en que las palabras se resisten y la obligan a revelar bajo el mito la alternativa de mentira o verdad: la independencia existe o no existe, y los dibujos adjetivos que se esfuerzan en otorgar a la nada las cualidades del ser constituyen la confirmación de la culpa.»

Lo importante es que el mensaje sea capaz de transmitir la verdad que tenemos que comunicar. Los redactores publicitarios hemos de ser capaces de encontrar algo más que adjetivos gastados. Y recordar que la verdad no solamente es un valor sagrado en la comunicación de un producto, sino, hoy, y siempre, una tendencia en comunicación… mmm…¿o no?

Martes, 9 de julio

Así está la cosa

Interesante artículo en El País que hace un repaso, creo que bien informado, del panorama publicitario en España.

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